Ensayos de la Rev. Fa Di Shakya

Una historia simple, un cambio importante

Yo, como la mayoría de la gente de este país, fui bautizada en la Iglesia Católica. No tengo nada en contra del catolicismo, simplemente no representa para mí el Camino. Y no es que no lo haya probado ni practicado. Yo iba a misa, estudié catecismo, iba a una escuela religiosa, hasta integré un grupo de jóvenes cristianos que trabajaba para la comunidad que frecuentaba la parroquia de mi barrio. Pero ya desde entonces noté que algo faltaba, no puedo explicar bien que fue. Tal vez viendo que muchas cosas que predicaban no se cumplía, tal vez porque las “cosas ocultas” que sólo los sacerdotes podían saber me molestaba y me hacían sentir discriminada. Tal vez porque la gente que iba a misa y se la pasaba charlando con alguno de los sacerdotes, los Padres como se los conoce, durante el resto de la semana se comportaban de una manera que no concordaba con las enseñanzas de la Iglesia Católica. Tal vez porque en todo veía más hipocresía que honestidad. Tal vez por todo eso.
Cuando terminé la secundaria y la mayoría de mis compañeros también lo hizo, nos dispersamos. Cada cual estaba seguramente ocupado en seguir una carrera, como yo que empecé Enfermería Profesional, o porque formaron una familia. Lo cierto es que la iglesia y el grupo juvenil cristiano pasaron al olvido.
Por muchos años me mantuve al margen de cualquier movimiento religioso, ocupada sólo en mi carrera y luego en una relación que terminó en matrimonio e hijos. Cuando los hijos son pequeños, ocupan mucho de nuestro tiempo. Jamás diré que fui infeliz porque nunca lo fui. He tenido problemas como cualquier persona pero siempre se solucionaron.
Los hijos crecieron, ya no ocupaban tanto de mi tiempo, y, poco a poco, empecé de nuevo a hacerme preguntas. Claro, recurrí nuevamente al catolicismo porque lo conocía, y el resultado fue que los mismos interrogantes de mi juventud seguían sin una respuesta satisfactoria. Entonces a mi mente volvió, tímidamente al principio, una imagen que me había impresionado desde muy chica y que casi había olvidado, siguiendo el frenesí de la vida: la imagen del Buda. Yo lo vi en un documental hace muchísimos años, cuando era una niña, y me llamó mucho la atención ese señor sentado con las piernas cruzadas y son una sonrisa suave en su rostro. También había olvidado que, desde ese momento, yo miraba cuanto documental, película o ilustraciones en que apareciera el Buda o monjes budistas. Es más, me había olvidado que yo misma averigüé quien era ese señor sentado con las piernas cruzadas y quienes eran los monjes budistas. Siempre me gustó leer y averiguar cosas, así que tomaba toda enciclopedia o libro de historia que tenía a mano o que podía encontrar en la biblioteca de mi escuela. El tiempo es relativo y carece de importancia cuando se busca algo. Las imágenes del Buda y de los monjes budistas nunca habían desaparecido, estaban esperando el momento de significar para mí algo más que imágenes de un documental.
Estaba haciendo un curso de masoterapia y el profesor había estudiado con un maestro japonés que le había transmitido algunas enseñanzas budistas. Así fue que un día me dirigí a una librería y sin buscar encontré un librito llamado “Las Cuatro Nobles Verdades”. Impresa en la tapa, la imagen del Buda que yo tanto recordaba. Lo leí y comprendí que el Budismo era el Camino que yo tanto había esperado encontrar.
En Argentina el Budismo es poco difundido, yo vivo en el Gran Buenos Aires y por esta zona no hallé ningún templo. Recurrí a la guía telefónica y tampoco vi nada o no supe como buscar. Entonces se me ocurrió llamar a la Secretaría de Culto donde me facilitaron algunos teléfonos. Llamé a varios que no contestaban, hablé con un monje de un templo que no recuerdo el nombre que me dijo que en ese momento no recibían occidentales salvo que fueran descendientes de chinos (???). En fin, no conseguí nada.
Como dice el dicho “el que busca encuentra” una compañera de trabajo conocía a una señora budista, me dio su teléfono y esa señora me contactó con otra señora que fue quien me incluyó en una sociedad budista laica de origen japonés. Estuve con ellos durante cinco años, debo confesar que después de los primeros tiempos las dudas comenzaron a surgir otra vez. Había cosas que nunca se estudiaron, las reuniones me parecían cada vez más un circulo social en vez de sesiones de estudio, me molestaba que se dijera que ellos eran los únicos que estaban en el camino correcto y que las demás personas que no los siguieran estaban equivocados y que si les pasaba algo malo se lo merecían por tener alguna culpa del pasado o de otra vida, en síntesis, no me sentía cómoda. No quiero decir con esto que hagan las cosas mal, es más, les estoy muy agradecida por haberme aceptado y por la amistad que me brindaron. Aprendí con ellos muchas cosas que me sirvieron de referencia después, pero no era lo que yo buscaba. Algo faltaba…
Con la aparición de la Internet, volví a la búsqueda sin habérmelo propuesto. Yo buscaba el Sutra del Loto y de tanto navegar di con una página donde lo estaban traduciendo. Conforme pasaban los días y se iban incorporando capítulos traducidos, empecé a “curiosear” la página y a leer otros documentos. Y vi en uno de los ítems el Curso “Budismo en Acción”. Si, adivinaron!! Era la página de la Rev. Yin Zhi Shakya.
Descargué todos los capítulos del Sutra del Loto, pero ya para ese entonces, lo que yo quería era hacer el curso. Había leído el Sutra del Corazón, varios ensayos de la Rev. Yin Zhi Shakya y comprendí que mi Camino era el Budismo Chan. Yo no quería ser una budista más, quería ser miembro de una Orden. Al fin entendí que era lo que me molestaba del grupo anterior, no había Maestros, no había un plan de estudios, no había una guía.
El problema no lo tenía el grupo sino yo, lo digo sin amagues, lo que a mí me gusta es una Orden con monjes, sacerdotes y estudiantes.Así fue que empecé el curso y la Rev. Yin Zhi Shakya se convirtió en mi Maestra y mi guía. El aprendizaje fue muy duro, tanto o más que la decisión que tomé al abandonar mi antiguo grupo.
A medida que avanzaba en las lecciones, me di cuenta que la dureza sólo era porque el Budismo Chan nos enfrenta cara a cara con la verdad. Porque me di cuenta de que la vacuidad que sentía, el desasosiego, la molestia, la falta de respuestas solo se debían a que yo vivía en la ilusión.
El golpe se transformó en comprensión, la comprensión trajo felicidad y la felicidad del Dharma trajo la serenidad que tanto busqué.
Si alguna duda me quedaba, desapareció cuando tuve la inmensa fortuna de conocer personalmente a mi Maestra. La paz de su mirada, la paz que emanaba de todo su ser fue simplemente contagiosa. Sólo hay una manera de lograr esa paz: siguiendo el Dharma, comprendiendo las Cuatro Nobles Verdades y transitando el Óctuple Noble Sendero. Justamente, lo que ella transmite a través del curso. Porque ella, como tantos otros Maestros, es una seguidora del Buda Dharma.
No hay santos ni gurús en la Orden Hsu Yun, solamente hay verdaderos budistas, budistas Chan. No hay adoración, ni veneración, ni obediencia ciega, sólo autentica gratitud y respeto hacia aquellos que nos sirven de guía.
La historia es simple, una historia como millones se pueden relatar. El cambio es importante, porque cambié la ilusión por la verdad del Dharma.
En este país es una rareza ver a un monje o un sacerdote budista, sobre todo si es mujer. Tantas preguntas al estilo “¿Cómo se te dio por el budismo?” o “¿Sos sacerdote?” me dieron la idea de escribir este ensayo.
Yo encontré mi Camino, ojalá toda la gente encuentre el suyo.
Que todos los seres vivan felices y en paz.
Rev. Fa Di Shakya OHY 

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El Moderno Encanto de lo Antiguo

Un día, visitando páginas budistas en la Internet, me encontré con unos haikus (poemas japoneses de tres versos) modernos, que se referían a problemas con las computadoras. Y de ahí surgió una idea. Tranquilos, no voy a escribir haikus, no quiero ofender a los japoneses ni a nadie con mi falta de talento para la poesía.
La idea es reconciliar el Budismo (sobre todo el Budismo Zen) con la vida moderna y el uso de la tecnología, porque parece que para la mayoría de las personas, ambas cosas están en mundos distintos. La visión hollywoodense de los monjes mendicantes con túnicas naranjas y de cabeza rapada tuvo más aceptacion que la que merece. Y nos pone a los budistas de verdad y a los monjes y sacerdotes que no lucen así como mentirosos y farsantes.
Analicemos algo en primer lugar: la mayoría de la gente vive en ciudades grandes o pequeñas. Viven en casas o departamentos. Usan autos o transporte público. Adquieren alimentos o enseres en supermercados o tiendas. Bueno, los budistas vivimos en los mismos lugares, usamos las mismas cosas y nos transportamos igual que el resto del mundo.
¿Dónde está el conlicto? Los que nacimos en una ciudad (como yo), solo nos sabemos manejar con las cosas que existen en una ciudad. Si nos abandonaran en el campo o (peor aun) en el desierto, ¡no duraríamos ni quince minutos! ¿Alguien nacido y criado en una ciudad sabe donde encontrar agua? ¿Alguien nacido y criado en una ciudad sabe que plantas son comestibles? ¿Alguien tendría el valor de matar a un animal y despellejarlo? ¿Alguien sabe como encender un fuego para calentarse y cocinar su alimento? Seguro que la mayoría dirá que no. Dependemos de electrodomésticos, de tiendas, de autos y transporte público. Ahora surge una nueva respuesta: no tiene nada de malo ser budista y usar enseres modernos.
Insisto, ¿Dónde está el conflicto? Tal vez porque la gente considera “tecnología” a aparatos como celulares, mp3, computadoras, laptops, GPS. Se olvidan que todos los aparatos debieron tener al menos un ingeniero que los diseñara. Y no nos olvidemos de los autos, también considerados como “tecnología”, pero del tipo que preocupa a más no poder. ¡Por favor! Los autos no son más que carruajes modificados (son de metal en vez de madera y los caballos no se ven, están “escondidos” en el motor).
Pero ocupémonos del tema que da más que hablar: Internet. La famosa y tan conocida Internet se toma con un carácter frívolo, para subir fotos, chatear, ver páginas de pornografía, comprar en línea, etc. Pero la idea original era la de traspasar fronteras, que la gente de todo el mundo estuviera conectada de una manera fácil y económica, que el conocimiento de innumerables bibliotecas y enciclopedias estuvieran al alcance de todos, que el conocimiento en general fuera accesible por este medio. Para eso se creó la World Wide Web, el sistema de hipertexto, fácil y dinámico. Bueno, el Budismo también forma parte del “conocimiento al alcance de todos”.
El Gran Maestro Jy Din era un monje budista, nacido en China. En esa época nadie soñaba siquiera con la Internet. Después de muchos años de haberse radicado en los Estados Unidos, conoció esta maravilla de los tiempos modernos. Él era ya muy anciano pero el Rev. Chuan Zhi Shakya-uno de sus estudiantes norteamericanos, que el Maestro Jy Din le concedió el rango de Abad en la Orden-le hizo ver el enorme potencial de este medio para la diseminación y enseñanza del Budismo. Él sabía que mucha gente no podía llegar a los monasterios o centros de estudios a causa de la lejanía. Entonces pensó la manera correcta de unir tecnología con las Enseñanzas del Buda. El Gran Maestro Jy Din siguió su consejo y juntos crearon la ZBOHY (Zen Buddhist Order of Hsu Yun; en español la Orden Hsu Yun del Budismo Zen-OHYBZ). El trabajo fue y sigue siendo enorme, los escritos y documentos deben ser cuidadosamente revisados y corregidos. Se escriben y se traducen a varios idiomas. Se actualizan periódicamente las páginas. Se reciben miles de correos electrónicos de todo el mundo. Siempre se está pensando en como enviar el mensaje debidamente a un mayor número de personas. Y digo debidamente, porque por más tecnología que se use, el Budismo en su esencia verdadera debe permanecer intacto. Se cambian los métodos, porque el Budismo es dinámico y se adapta a la era moderna. Buda vivió hace unos 2.600 años y ya en ese entonces, Él utilizaba varios métodos/recursos/expedientes diestros para enseñar, se los llamo Medios Ütiles. Porque el Buda, libre de todo orgullo, se adaptaba a las necesidades de los seres y a su nivel de comprensión.
Se cambian los métodos, no la Enseñanza. Porque métodos hay muchos, pero la Enseñanza es una sola.
Yo no veo el conflicto. No tiene nada de raro que un monje o un sacerdote se sienten frente a una computadora y organicen una página web. Lo que antes parecía moderno (faroles, barcos de vapor, tocadiscos, etc.) ahora son antiguedades. Y lo que ahora nos parece moderno, pronto se considerará obsoleto. Cada cual vive en la época que le tocó vivir, con todo lo que trae asociado. Cada cual vive en las condiciones creadas.
Volviendo al Gran Maestro Jy Din, yo le agradezco su idea de poner una Orden-su mensaje Chan-en la Internet. Yo estudié Budismo por ese medio, y soy una de tantas personas beneficiadas.
Si les molesta tanto, le ponemos el título de “Internet Zen” a nuestros sitios y listo. Así nadie se confunde.
¡Ah! Si alguna vez los budistas debemos usar una nave espacial para diseminar la Enseñanza, no tengan dudas de que lo haremos. Después de todo, como el Buda muy bien lo expresó: “Todos los seres sintientes tienen el derecho a vivir felices y en paz”.

Bajo el amparo de Buda.
Rev. Fa Di Shakya OHY.

Ensayo dedicado al Gran Maestro Jy Din Shakya y a mis Maestros la Rev. Yin Zhi Shakya y el Rev. Chuan Zhi Shakya 

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Recursos para el Apego

Yendo hacia el trabajo por una ruta distinta a la habitual, me llamó la atención un gran cartel que enunciaba los proyectos de un candidato político para la pasada elección. De pronto me encontré preguntándome: ¿ya pasó tanto tiempo desde las elecciones? El cartel, un objeto inanimado, daba la impresión de que el tiempo se había detenido. Una ilusión, por supuesto.
Entonces se me ocurrió pensar en la infinidad de cosas que existen hoy en día para contribuir a esa ilusión.
Vamos a analizar algunas de ellas.
Fotos: ¿Quién no tiene fotos de familiares que ya han muerto? ¿Quién no tiene fotos de cuando era niño? ¿Quién no tiene fotos de antiguos compañeros de escuela o del club? ¿Quién no tiene fotos de amigos de la infancia o de la juventud? ¿Quién no tiene fotos de su casa, de paisajes, de lugares que alguna vez visitó? ¿Cuántas personas actualmente no tienen una cámara fotográfica, digital o no, en el celular o una filmadora?
Ah! nada como ver viejas fotos para rememorar los buenos viejos tiempos. Para rememorar que buena y cuanto nos gustaba la compañía de tal o cual persona. Para recordar viéndolas cuán lindo era ese parque o que bonita había quedado la casa cuando se terminó de decorar. ¡Qué joven era y qué bien me veía!
De pronto… el grato recuerdo se transforma en una sensación de pérdida, de tristeza, de nostalgia que lastima. Y pasamos de sentirnos bien a sentirnos mal.¡Ha nacido el ‘surgimiento dependiente! Que ocurre debido a las condiciones cíclicas causales mutuamente dependientes. Los fenómenos cíclicos comienzan y terminan con gran intensidad. El surgimiento dependiente es una acción mental intensa a la velocidad de un rayo. Como lo describo en el próximo párrafo, “en menos de un segundo, en un abrir y cerrar de ojos”.
No tiene nada de malo ver viejas fotografías, si la intención se quedara en eso. Pero la mente y los sentimientos nos juegan malas pasadas. El contacto con el pasado se hizo con ignorancia, entonces sobrevino el apego que nos conduzco en menos de un segundo, en un abrir y cerrar de ojos, al sufrimiento. Ya no miramos simplemente las fotografías, nosotros deseamos volver a ser tan felices como éramos, que la gente que ya no está reviva, queremos que el paisaje no cambie, que la casa no se deteriore, que el tiempo regrese y se detenga justo allí, en el feliz pasado.
Nadie se pone a pensar que el pasado se idealiza, porque se sacan fotos de momentos, gente y lugares que nos gustan. Lo desagradable pertenece al presente, ¡al pasado jamás! ¡el pasado fue perfecto! Nos sumimos en el sufrimiento sólo por ver unas fotos.
Música: ¿Quién no escucha con deleite canciones que estuvieron de moda? Nos llevan mágicamente a una época de oro: la de los bailes de juventud, de movimientos ágiles y rebuscados para seguir el ritmo, de fascinantes encuentros con chicos y chicas. Y el recuerdo de la ropa que nos parecía elegante y sentadora pero que en realidad era ridícula.
Además, si se analiza bien, las canciones eran todas iguales, con pequeñas diferencias en cada una. Siempre pasó, la creatividad tiene un límite.
No tiene nada de malo escuchar viejas melodías, pero aquí también la mente y los sentimientos nos tienden una trampa y en el contacto con ignorancia caemos indefectiblemente en el sufrimiento. El apego se manifiesta, no en escuchar una canción de hace muchos años, sino al pretender vivir otra vez “¡en la época de esa música genial!”
Acá también se recuerda lo lindo de los bailes; no se recuerdan los malos momentos en la escuela, las malas notas con su consiguiente castigo, los primeros desamores, el miedo de no “encajar” en el grupo y sentirse menospreciado por quien lucía mejor o era más popular. Otra vez la ilusión nos ha ganado. Parece que nadie repara en el equipo reproductor de música o en el CD.
Películas: si hay algo que es una total y absoluta mentira es una película. Desde la historia distorsionada hasta el método de hacer un filme en sí. En las películas los actores interpretan personajes, parece que se mueven, parece que hablan, parece que se emocionan o que se asustan o que se enojan.
Parece. Muchos se desilusionarían viendo la serie de fotogramas inanimados y silenciosos que conforman una película. Las voces y la banda sonora se agregan después y se edita todo junto para dar la ilusión de movimiento y sonido. Y los actores no se parecen en nada a sus personajes, ni siquiera lucirían tan bien si no fuera gracias a kilos de maquillaje y vestuario a medida.
En cuanto a la historia relatada, ésta está hecha de acuerdo al gusto del guionista, ajustándola a los minutos que debe durar el filme. La mayoría son historias inventadas por la imaginación del escritor.
No tiene nada de malo ver una película que nos gusta, pero de ahí a creer que lo que vemos es real o que fue tal cual se lo relata, hay una gran diferencia. ¿Y que pasa con quien pretende vivir de acuerdo a lo que vio en una película? ¿Nadie se da cuenta de que las películas sólo tienen por propósito entretener y hacer ganar dinero o un premio a quien las hizo o las interpretó? Es imposible ajustar la vida a la historia más o menos verídica de un filme. ¿No notan que se necesita un televisor, un reproductor de DVD o un cine para verlo? Es ilusión.
En épocas pasadas, habría otros recursos para el apego. Hoy tenemos estos, que están presentes en todo el mundo y a cada momento.
Todos y cada uno de ellos forman parte del sámsara, la ilusión, lo que parece ser pero no es.
Si el contacto es con sabiduría, veremos las cosas tal cual son: recuerdos, imágenes impresas, sonidos grabados, gente que parece moverse en una pantalla. De ese modo no hay apego, no hay sufrimiento.
En cambio, si el contacto es con ignorancia, creeremos que la ilusión es verdad, que todo realmente está allí y que jamás desaparecerá. Anteponer nuestro deseo a nuestro discernimiento, hace que nos apeguemos a la ilusión y eso nos conduce al sufrimiento.
¿Quieren utilizar los recursos para el apego y sufrir con eso? Entonces crean que todo lo que ven es real y que jamás desaparecerá.
¿No quieren sufrir? Entonces vean esos recursos tal cual son: fotos, grabaciones, películas. La gente y los sonidos que allí aparecen no están realmente. Son una ilusión.
Ahora que lo hemos comprendido, podemos disfrutar de ellos. Y … ¡alerta al surgimiento dependiente, no dejen que nazca!
El cartel sigue allí, algún día lo sacarán…
Namo Amitabha !!

Rev. Fa Di Shakya OHY